19 de noviembre de 2016
En palabras del gran Neruda: “La misma noche que
hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los
mismos”.
Es cierto que hemos cambiado los bachilleres
sesentones, en estos años “sin cuenta”, mientras los lazos que nos han unido se
fortifican a medida que avanza el calendario. Ha transcurrido tanto desde que
fuimos bachilleres, medio siglo, que Amparo Grisales era desconocida, si bien
faltaba poco para que se descubriera.
Reconocimiento sincero a quienes han venido de otras
ciudades, hasta del exterior. Apreciamos como corresponde que los compañeros
Orozco, Espinal y Méndez del Escuadrón 66 Calasanz FL hubieran creado el grupo
en WhatsApp, mediante el cual intensificamos la amistad, revivimos recuerdos y
nos gozamos la vida. Venir de España ex profeso para esta reunión, como nos
favorece Luis Alberto Pérez, mejor dicho Lassie, es un regalo inapreciable. De
Córdoba ha llegado Mariano Jaller; a pesar de no haber traído la prometida
novilla, nos refresca episodios juveniles muy gratos y ahora es el más activo
en el WhatsApp. De Cali retorna Acosta, siempre con el número 1 y en primera
fila. De Bogotá vienen Juan Gonzalo y McEntee, ¡qué grato es volver a
verlos!
Nos congregamos acá como grupo unido por los
recuerdos, por las vivencias de los maravillosos años sesenta. Eran los tiempos
de la Guerra Fría, con los megatones intimidantes de la Unión Soviética, época
marcada por la carrera espacial, la música yeyé y gogó, la liberación sexual,
el movimiento hippie, el surgimiento de jóvenes y mujeres como actores
estelares en la sociedad.
Recibimos una formación educativa impregnada de
catolicismo, de sello español y cariz franquista, eso sí seria, competitiva y
rigurosa, lejos de la blandura actual, de la tolerancia excesiva que ahora
advertimos en hogares y colegios. Estudiábamos con disciplina y nos
caracterizaba el esfuerzo, compatible con las tardes deportivas y el anhelado
recreo. Honrábamos el lema calasancio “La virtud, la piedad y el saber”.
Siguen vigentes para nuestro deleite auditivo, The
Rolling Stones, Bob Dylan, Joan Manuel Serrat y Raphael, y para fastidio de los
colombianos, la FARC y el ELN. Perviven las castas políticas; de Lleras
Restrepo, el presidente enérgico y honrado de 1966, pasamos a su nieto el
vicepresidente Vargas Lleras. En la escena política aparecen los nietos de
Guillermo León Valencia y se silencian en la cárcel los de Rojas Pinilla.
Del telegrama, que nos obligaba al laconismo, de un
solo canal de televisión en blanco y negro y del teléfono negro colgado en la
pared o puesto sobre la mesa hemos pasado al mundo ilimitado de las
telecomunicaciones. Íbamos al colegio y dejábamos en casa el teléfono; ahora en
su variedad diminuta del celular nos persigue, incluso literalmente desvela a
muchos, rompe conversaciones, perturba conferencias y charlas como esta. El
incipiente y gigantesco computador se transformó en la diversidad de
adminículos de potencia enorme; en internet disponemos de la biblioteca
universal e infinita con que soñaba Jorge Luis Borges. Las fotografías eran muy
escasas, casi un acontecimiento. Por eso ha sido difícil documentar ese período
del Colegio Calasanz. Hoy nos tomaremos más fotos que las de todo un año de
nuestra vida escolar.
Un gran cambio es el de nuestras vidas. Casi todos
los bachilleres calasancios de 1966 han constituido familias bellas, felices,
exitosas, envidiables. Con esposas solícitas, hijos triunfadores y nietos
tiernos. Hemos creado empresas, generado empleo y laborado con provecho en
campos disímiles. Lástima que algunos no contaron con la Fortuna a su favor, la
enfermedad se llevó a varios de este mundo antes de lo previsto, las
iniciativas empresariales les fallaron a otros, por lo cual su período de reposo,
el de la alegría por la jubilación se ensombreció por la adversidad, incluso
les llegaron las restricciones, que unos conocimos en la juventud y otros la
padecen en la vejez. El declive de Sergio Restrepo, a quien recordamos como
alegre y positivo, próspero y solvente, lo seguíamos con inquietud. Nos queda
la satisfacción de haberle tendido la mano oportuna.
Cómo duele aún que hayan partido los inolvidables
Memo y Boterito. Sus vidas fueron intachables, entregados a su familia, modelos
de padres formadores y emprendedores. Hace poco nos enteramos de que Mariano
Sierra había dejado este mundo hace como 10 años; los esfuerzos para
contactarlo con miras a reuniones similares a esta no fructificaban, no
obstante desconocíamos motivo tan contundente. Gustavo Arteaga, Gerardo Naranjo
y Luis Fernando Muñoz hace lustros que nos dejaron; para nosotros seguirán
siendo jóvenes compañeros, cuyos discursos, conversación o música forman parte
de nuestro bagaje.
Muchas gracias, compañeros y acompañantes.
Recordemos a los ausentes y disfrutemos de este día que siempre tendremos
presente.
Dos ideas, que quedan a su consideración, flotan en
el ambiente:
1.
La reunión anual en
noviembre.
2.
La constitución de un
fondo para apoyar a los compañeros que ahora o en el futuro lo necesiten.
DAVID CORREA ROLDÁN GAVIRIA
"El Once"
Nov 19 2016
"El Once"
Nov 19 2016
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